El ala peronista del PRO lanzó este sábado en la ciudad de Rosario la Corriente Nacional Propuesta Peronista, un proyecto que apunta a ser uno de los motores de la campaña presidencial de Mauricio Macri de cara a las elecciones de 2015.
Con esta nueva línea política, el PRO intentará sumar a dirigentes de diferentes extracciones políticas en diversos puntos del país, con el fin de ampliar la base territorial del partido y apuntalar la candidatura presidencial del jefe de Gobierno porteño.
El
lanzamiento de la corriente del PRO se llevó a cabo en el Sindicato de
Trabajadores del Plástico, ubicado en la Ruta Nacional 9, adonde
concurrieron legisladores, funcionarios del Gobierno de la Ciudad y
referentes provinciales del PRO, como el santafesino Miguel del Sel, invitado especial del acto.
"Veo
a muchos jóvenes, pero también a muchas personas mayores que siguen
esperando el 82 por ciento en sus jubilaciones. La política tiene que
dejar de ser un negocio de unos pocos, sino díganme donde están las
obras, donde están las viviendas en la provincia de Santa Fe y en todo
el país que la gente tanto espera", indicó Del Sel, excandidato a gobernador de Santa Fe.
La Corriente Nacional Propuesta Peronista es impulsada por el vicepresidente primero de la Legislatura porteña, Cristian Ritondo, y el subsecretario de Gobierno de la Ciudad, Álvaro González, ambos llegados al macrismo desde las filas justicialistas.
"Hace
casi 10 años compañeros del PJ Buenos Aires soñamos con este proyecto, y
el mismo partido nos excluyó. Acá estamos los que soñamos una Argentina
diferente, los que verdaderamente creemos en la justicia social. Acá
estamos los peronistas que no nos arrodillamos, nos podrán sacar la
filiciación al PJ, pero jamás el corazón peronista. Estamos los que
hablamos del futuro, y el futuro es Mauricio Macri", indicó Ritondo.
Además,
en su mensaje, ironizó con el ´Él y el Ella´ que habitualmente utiliza
la presidenta Cristina Kirchner, al señalar que "Él es Perón, y ella es
Eva Duarte", y "el presidente 2015 es Mauricio Macri".
Otro de los oradores fue el ministro de Ambiente y Espacio Público porteño, Diego Santilli, quien recordó su pertenencia peronista y justificó su acompañamiento a Macri porque, según dijo, el mandatario porteño "hace peronismo".
"Como
decía el general: mejor que decir es hacer y mejor que prometer es
realizar y Mauricio Macri es un hacedor. Él no se proclama peronista, él
hace peronismo, por eso lo seguimos y por eso va a ser el próximo
presidente de nuestra querida República Argentina", afirmó Santilli.
El
plenario fue abierto por el coordinador de Propuesta Peronista, Eduardo
Mondino, y tras las palabras de Alfredo Meckievi, González y Santilli,
la diputada provincial santafesina Alejandra Vucasovich dijo que "el
desafío en Santa Fe es salir casa por casa, pensando en el desafío de
2013, pero ya mirando hacia el 2015, en donde la meta es llegar con
Miguel del Sel a la Gobernación".
De la actividad participaron
algunos de los principales actores del elenco macrista como el ministro
de Gobierno y armador político del PRO, Emilio Monzó; el jefe de
Gabinete, Horacio Rodriguez Larreta; el ministro de Hacienda, Néstor
Grindetti; además de los presidentes de los bloques de diputados y
senadores bonaerenses del Pro-Peronismo, Marcelo Di Pascuale y Alfredo
Meckievi, respectivamente; y las flamantes incoporaciones del PRO Adrián
Menem y Pablo Rojo.
No faltaron a la cita el diputado nacional
Jorge Triaca; el diputado bonaerense Gustavo Ferri; y los legisladores
poteños Rogelio Frigerio; Bruno Screnci; Daniel Lipovetzky; Jorge
Garayalde; José Luis Acevedo; Fernando Elias y Roberto Quattromano,
entre otros.
Luego de los discursos, los dirigentes emitieron un
documento bajo la consigna "Sin República no hay justicia social" y,
pasada una hora de abrazos y apretones de manos, todos coincidieron en
el escenario, al que ascendieron cantando la histórica marcha peronista.
Fuente: http://www.ambito.com/noticia.asp?id=637536
sábado, 19 de mayo de 2012
jueves, 17 de mayo de 2012
A raíz de debates sobre "la neutralidad"
Polémica entre Félix Luna y Arturo Jauretche
En estos días hay muchos debates y discusiones a raíz del rol de los periodistas, si es posible la neutralidad, diferenciar la objetividad de la neutralidad. Y neutralidad no sólo del periodismo y los periodistas: actores, ciudadanos etc etc etc.Encontré en un libro que estoy leyendo (Historia de la Argentina. Desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner" de Norberto Galasso) esta polémica entre Félix Luna y Arturo Jauretche que me parece que viene justo para ese debate.
En estos días hay muchos debates y discusiones a raíz del rol de los periodistas, si es posible la neutralidad, diferenciar la objetividad de la neutralidad. Y neutralidad no sólo del periodismo y los periodistas: actores, ciudadanos etc etc etc.Encontré en un libro que estoy leyendo (Historia de la Argentina. Desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner" de Norberto Galasso) esta polémica entre Félix Luna y Arturo Jauretche que me parece que viene justo para ese debate.
El eclecticismo de la Historia Social es llevado por Félix
Luna a sus últimas consecuencias. Ello le vale una polémica con Arturo
Jauretche en 1972. Con motivo de la exhibición de la película Juan Manuel de
Rosas, de Manuel Antín, Luna sostiene que “el mismo primitivismo con que la
historia de Grosso dividía a los argentinos en buenos y malos es el que campea
esta película. La diferencia es que los malos de Grosso son los buenos de Antín
y viceversa (…) Aquí se revive aquel viejo esquematismo con el más elemental
maniqueísmo.” Jauretche le refuta sosteniendo que Luna se coloca “en esa
posición de ´bendigo a tuti´ que desde un púlpito neutral le permite distribuir
justicia mitad por mitad, eclécticamente”.
Luna recoge el guante y sostiene “Creo en la ecuanimidad” y con una estocada antiperonista agrega: “no soy de los que postulan “Al enemigo, ni justicia”. Y teoriza: “El país lo han hecho todos, con sus errores y con sus aciertos y usted mismo, le guste o no, está viviendo en un país estructurado por los hombres que detesta. Podrá intentar modificarlo peor no puede renunciar a él ni puede pretender que el país se desprenda de toda una mitad de su historia para asumir solamente la otra mitad”.
Desde la revista Dinamis llega, poco después, la respuesta de Jauretche: “Es que el doctor Luna supone que la posición revisionista en que estamos es una posición de jueces. El que se coloca en juez, puede ser ecuánime: nosotros no somos jueces, somos fiscales. Estamos construyendo el proceso a la falsificación de la historia y develando cómo se la falsificó y qué objeto actual y futuro tiene esa falsificación. Nosotros no somos jueces porque la historia falsificada no está sentada en el banquillo de los acusados para que nosotros la juzguemos. Lo que queremos es sentarla en el banquillo para acusarla ante los jueces, que son las generaciones que vendrán (…) No (se) puede ser ecuánime hasta que no esté demolido el edificio de la mentira. Le pregunto al doctor Luna: ¿Qué estatuas están sobre los pedestales? ¿Qué retratos presiden todos los salines de las escuelas y de los edificios públicos de la república? ¿Qué hechos se rememoran oficialmente y cuáles se silencian?, ¿Qué dicen los programas escolares secundarios y hasta universitarios? ¿Qué enseñan las academias? ¿Qué dicen los grandes diarios? (…) No, Luna, no. `Iguala y largamos` como dice el jinete que se apresta a correr una carrera con otro. No es todavía el tiempo de la ecuanimidad porque para ello hace falta que todos hayan sido –hombres y hechos- medidos con la misma vara y que las oportunidades sean para todos iguales. ¿No se ha dado cuenta, usted Luna, que la Plaza 11 de Septiembre recuerda un episodio indignante y es una de las plazas más importantes de Buenos Aires?”.
Luna recoge el guante y sostiene “Creo en la ecuanimidad” y con una estocada antiperonista agrega: “no soy de los que postulan “Al enemigo, ni justicia”. Y teoriza: “El país lo han hecho todos, con sus errores y con sus aciertos y usted mismo, le guste o no, está viviendo en un país estructurado por los hombres que detesta. Podrá intentar modificarlo peor no puede renunciar a él ni puede pretender que el país se desprenda de toda una mitad de su historia para asumir solamente la otra mitad”.
Desde la revista Dinamis llega, poco después, la respuesta de Jauretche: “Es que el doctor Luna supone que la posición revisionista en que estamos es una posición de jueces. El que se coloca en juez, puede ser ecuánime: nosotros no somos jueces, somos fiscales. Estamos construyendo el proceso a la falsificación de la historia y develando cómo se la falsificó y qué objeto actual y futuro tiene esa falsificación. Nosotros no somos jueces porque la historia falsificada no está sentada en el banquillo de los acusados para que nosotros la juzguemos. Lo que queremos es sentarla en el banquillo para acusarla ante los jueces, que son las generaciones que vendrán (…) No (se) puede ser ecuánime hasta que no esté demolido el edificio de la mentira. Le pregunto al doctor Luna: ¿Qué estatuas están sobre los pedestales? ¿Qué retratos presiden todos los salines de las escuelas y de los edificios públicos de la república? ¿Qué hechos se rememoran oficialmente y cuáles se silencian?, ¿Qué dicen los programas escolares secundarios y hasta universitarios? ¿Qué enseñan las academias? ¿Qué dicen los grandes diarios? (…) No, Luna, no. `Iguala y largamos` como dice el jinete que se apresta a correr una carrera con otro. No es todavía el tiempo de la ecuanimidad porque para ello hace falta que todos hayan sido –hombres y hechos- medidos con la misma vara y que las oportunidades sean para todos iguales. ¿No se ha dado cuenta, usted Luna, que la Plaza 11 de Septiembre recuerda un episodio indignante y es una de las plazas más importantes de Buenos Aires?”.
Luego, agrega: “Un historiador riojano, De La Vega, escribió
un libro que leí hace muchos años, cuyo tema era Mitre y este siglo. Al
terminar, el riojano de La Vega quiso ser ecuánime y no halló mejor recurso que
mandarlos a Mitre y a Peñaloza a los campos Elíseos para que allí, en ese
Paraíso, se reconciliaran. No sé si lo hicieron, pero imagino que Mitre lo
abrazaría al Chacho con las dos manos, mientras El Chacho no podría pasar por
la cintura de don Bartolo más que un hay primero que ponerle la cabeza al
Chacho”. Finalmente, sostiene: “No
confunda, doctor Luna, ecuanimidad con encubrimiento. Y no crea que el
revisionismo consiste en desnudar a un santo para verita a otro. No. Los santos
que nosotros defendemos hace rato que están desnudos y lo que queremos es que
los otros se saquen los ropones con que los han disfrazado –hombres y hechos-
para empezar desde allí, entonces sí, una revisión también es una política de
la historia y debe ser una política combatiente (…) Es un error frecuente confundir ecuanimidad con eclecticismo. Es lo
que le pasa a ese desarrollismo hecho sobre la base de las palabras, puestas
por el país y los hechos, puestos por el extranjero, que solo es una variante
de la visión crematística liberal que impera en el país después de Caseros:
hacer un país en cifras. Nosotros creemos que hacer un país es hacer hombres
para que, a su vez, los hombres hagan el país”.
Una vez más queda al descubierto que el planteo de Luna –y
de la Historia Social de la cual es su Grosso divulgador –conduce a vaciar a la historia argentina de toda
pasión militante, de todo el interés vivo- de polémica ideológica y material- que le otorga la lucha de clases
y que coloca al historiador como continuador de aquellas luchas, sumergido en
una empresa colectiva que viene desde el pasado y aún está por concretarse. Si
la Argentina la hicieron tanto unos como otros, según los Halperín y los Luna,
quedan en el mismo plano las víctimas y los represores, los incorruptibles y
los entregadores, los idealistas que lucharon por un mundo mejor y quienes
empujaron hacia atrás por un mundo peor.
En esta glorificación del eclecticismo y este reconocimiento
de víctimas y victimarios como iguales hacedores de la argentina, Luna y Romero
(h) se abrazan, intentando legitimar su conducta con el argumento de que “las
corrientes historiográficas eclécticas imperan en el mundo” o que “es
preferible la tendencia al equilibrio la
conciliación, por parte dela sociedad argentina”. Olvidan –dada su sumisión
ideológica a los países centrales- que la riqueza de los mismos (intercambio
desigual, exacción imperialista, intereses de la deuda externa) morigera en
ellos los enfrentamientos sociales y por ende la controversia ideológica y
política; asimismo, olvidan que la clase dominante de la Argentina, agotado su
período de esplendor, impulsa “esa tendencia general de la sociedad argentina
hacia “la armonía”, por sobre los “conflictos”, pues ese aparente empate –el
eclecticismo- le sirve tanto para resguardar su pasado como para consolidar su
presente. En un país dependiente, un auténtico historiador debe privilegiar los
“conflictos”, “los antagonismos” y asumir como propio el campo de lo nacional
que es el de los trabajadores, aunque esa posición lo excluya de las cátedras,
de las academias y de las queridas becas y así seguramente “hará” historia, no
como Historia Social que según el propio Romero (h) se desarrolla “en consciente
y firme apartamiento de las incitaciones y demandas de la conciencia histórica
del pueblo que –sabíamos- se nutría de otras fuentes”, sino en plena
consubstanciación con esa experiencia y esa conciencia histórica. El camino que
ellos adoptan, en cambio, es someterse a la orientación general de las clases
dominantes externas e internas que prefieren, por supuesto, un relato pleno de
minuciosidades, armonías y conciliaciones o desviar la verdadera historia hacia
las anécdotas de la novela histórica donde, en general, prevalece también esa
concepción vaciadora y esterilizante de las grandes luchas sociales.
Es necesario, pues, no congelar la controversia y la pasión
por descubrir la verdad, evitando que la historia sea promotora de la
resignación y reemplace los proyectos colectivos por las empresas individuales
donde las batallas no se dan por grandes banderas sociales sino por becas,
prestigio y cátedras.
Arturo Jauretche en
revista Dinamis reproducido en Las Plémicas de Jaurteche
De: Galasso, Norberto “Historia de la Argentina. Desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner”, Tomo 1, Ediciones Colihue, 2011
domingo, 6 de mayo de 2012
No tenemos un lenguaje para los finales
para la caída del amor,
para los concentrados laberintos de la agonía,
para el amordazado escándalo
de los hundimientos irrevocables.
¿Cómo decirle a quien nos abandona
o a quien abandonamos
que agregar otra ausencia a la ausencia
es ahogar todos los nombres
y levantar un muro
alrededor de cada imagen.
¿Cómo hacer señas a quien muere,
cuando todos los gestos se han secado,
las distancias se confunden en un caos imprevisto,
las proximidades se derrumban como pájaros enfermos
y el tallo del dolor
se quiebra como lanzadera
de un telar descompuesto.
¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo
cuando nada, cuando nadie ya habla,
cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras
de un mundo que ha perdido
su memoria de un mundo.
Quizá un lenguaje para los finales
exija la total abolición de los otros lenguajes,
la imperturbable síntesis
de las tierras arrasadas.
O tal vez crear un habla de intersticios,
que reúna los mínimos espacios
entreverados entre el silencio y la palabra
y las ignotas partículas sin codicia.
Roberto Juarroz (Coronel Dorrego, Provincia de Buenos Aires, 5 de octubre de 1925 - Temperley, Buenos Aires, 31 de marzo de 1995), poeta y ensayista argentino.
sábado, 14 de abril de 2012
2 poemas de Joaquín Giannuzzi

POÉTICA
La poesía no nace.
Está allí, al alcance
de toda boca
para ser doblada, repetida, citada
total y textualmente.
Usted, al despertarse esta mañana,
vio cosas, aquí y allá,
objetos, por ejemplo.
Sobre su mesa de luz
digamos que vio una lámpara,
una radio portátil, una taza azul.
Vio cada cosa solitaria
y vio su conjunto.
Todo eso ya tenía nombre.
Lo hubiera escrito así.
¿Necesitaba otro lenguaje,
otra mano, otro par de ojos, otra flauta?
No agregue. No distorsione.
No cambie
la música de lugar.
Poesía
es lo que se está viendo.
Joaquín Giannuzzi
Señales de una causa personal, 1977.
Crónica de la columna vertebral
Para levantar las pirámides
doscientos mil hombres, a lo largo
de tres generaciones, cargaron y arrastraron
millones de toneladas de piedra.
Dos imágenes de restos óseos
revelan el costo de las obras:
la columna vertebral de los obreros
aparece curvada en dos secciones,
muestra fisuras, bordes corroídos,
luxaciones, agobio eterno.
La de los faraones, sacerdotes y altos
funcionarios, se ven erguidas
y frescas como recién nacidas.
Después de 4.000 años,
vértebra sobre vértebra, crujido a crujido,
el espinazo innumerable
sigue cargando el peso
del sueño y la podredumbre de los señores.
Joaquín Gianuzzi
Tomado de Obra Poética, Emecé, Buenos Aires, 2000
jueves, 16 de febrero de 2012
Periodismo # ficción
"El periodismo supone un decir todo, pero muchas veces oculta más de lo que dice; tal vez porque el lector toma como real lo que lee, la censura suele ser mayor. La ficción permite al autor, aún sin proponérselo, decir aquello que el periodista se ve obligado a suprimir; simplemente porque el lenguaje literario amplia los campos expresivos dando a la realidad su más exacta dimensión, descubriendo la verdad profunda." (María Casiraghi, Nomadía)
domingo, 12 de febrero de 2012
Declaración Jurada

Por Humberto Constantini
¿Qué pretendo yo con mi poesía? Bueno, es tan fácil macanear en este tipo de declaraciones ¿no? O esquematizar. O decir una cosa por otra. O desembuchar las ideas que uno tiene sobre estética, o sobre política, o sobre la filosofía del arte en general...Pero me parece que sin querer se me escapó algo que es cierto. La poesía sirve para no macanear. Eso es. La poesía y el cuento me sirven a mí para no macanear. De eso estoy seguro. Para ser auténtico, humildemente, trabajosamente auténtico. Contar como veo, como siento algunas cosas, tratar de que alguien las vea y las sienta igual que yo. Sin pretender enseñar, ni adoctrinar, ni contrabandear ideas. Y para eso tengo simplemente que hablar con mi propia voz. Cosa bastante difícil como lo sabe cualquiera que ande metido en este asunto. Pero una vez conseguido eso, una vez que a fuerza de un largo trabajo de búsqueda, de desprendimiento, de humildad, qué sé yo, uno cree haber encontrado, en el fondo del alma o de las tripas, esa voz, los conceptos "bueno" o "malo", "poema" o "no poema" pierden totalmente vigencia. Se habla de un modo verdadero o se macanea. Y se macanea cuando, vaya a saber por qué, no se puede encontrar la propia voz.
Cuando me veo obligado a escribir un artículo, o un ensayo, o esto que estoy tecleando ahora por ejemplo, tengo siempre la fulera sensación de que estoy macaneando. De que podría afirmar todo lo contrario de lo que digo con la misma compostura y la misma sinceridad. En la poesía y en el cuento eso no me pasa. Sé que hay una única forma para decir una única verdad. Y que lo demás es una pelea con las palabras hasta encontrarla.
Humberto Constantini, cuentista, novelista y autor teatral, nació en 1924 y falleció el 7 de junio de 1987 en Buenos Aires
sábado, 13 de agosto de 2011
Entre la Matanza y Santos Lugares. Por Pedro Patzer
Entre la rebanada de pan y las manos vacías; entre el primer alarido de recién nacido y el último suspiro del moribundo; entre el tren desperezando caminos y los días del inmóvil; entre la misma lluvia que contempla el niño y el anciano; entre el perro buscando el otro hueso y el hombre domesticado; entre el desierto y las flores artificiales ; entre el trámite y el milagro; entre los que cuentan astros y los que en los hipódromos juntan las monedas de su agonía; entre los que construyen ataúdes y los que hacen naves; entre los que se creyeron su nombre y los que aprendieron a llamarse como lo que los asombra; entre escribanos de los testamentos y poetas de los manifiestos; entre los que propagan la peste y los que esparcen la semilla; entre los que redactan el manual de la vida y los que viven (como el corazón manda); entre los que en la madera hallan fuego y los que encuentran la guitarra; entre los que estudian la lección y los que hacen la Historia; entre los que callan la aurora y los que transcriben la partitura del pájaro; entre los que se atan al mástil y los que se dejan enloquecer por el canto de las vidaleras; entre los que se creen del tercer mundo y los que a diario conquistan un nuevo mundo; entre los que niegan el día y los que se embriagan con rocío; entre los escépticos del lenguaje y los que siguen rezando coplas; entre los manjares crepusculares de los mendigos y el hambre nocturno de los ricos; entre los que cantan para el éxito y los que cantan para no morir; entre el Diablo del carnaval y el Dios de los cerros; entre el Pampero y el Zonda; entre la congoja de la tonada y la nostalgia del tango; entre los tesoros que el mariscador recoge a orillas del Paraná y los residuos del mundo que el cartonero junta en la calle Florida; entre la barbarie civilizadora de Sarmiento y la mazorca de Rosas; entre los caídos y los que viven de pie; entre las catedrales y las salamancas; entre los burdeles y los museos; entre los niños que repiten las tablas de multiplicar y las rezadoras que entonan alabanzas; entre el chagas y el latir del legüero; entre el romance del río seco y el cancionero de los inundados; entre los corredores de bolsa y los pibes que militan en la villa; entre La Matanza y Santos Lugares.
Pedro Patzer estudió letras en la UBA. Guionista recibido en el Iser, dicta allí clases de guión de radio (también en Eter).
En La Folklórica, de Radio Nacional se desempeña como guionista (contenidos) desde 2003.
Tiene publicados dos libros de poema: "Artefactos de Mar" (2000) y "Efectos Secundarios" (Anaya, España)
Ganador de tres premios argentores por escritura en radio: por "Pequeños Pueblos...Grandes universos" (2006); "Biblioteca Popular" (2006) y "Salamancas y Caminos" (2010) . Su primera obra de teatro, "Epígrafes" fue seleccionada por el ciclo Teatro x la Identidad, de las Abuelas de Plaza de Mayo, y se estrenará el primer lunes de septiembre en el Centro Cultural de la Cooperación.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

